El grupo de Curas en la Opción por los Pobres emitió un mensaje en la Navidad de 2020 donde trazan su mirada en este año particular para la Argentina y los temas salientes que impactan en la población.

Lunes 28 de diciembre de 2020. Los pastores son el símbolo del Evangelio de los más pobres del pueblo. Allí encuentra Dios corazones dispuestos a recibir la Buena Noticia Del Reino que se hace Navidad, nacimiento de Dios entre nosotros y nosotras. Son los pobres los que reconocen esa iniciativa divina, lejos de los palacios y del poder. Una vez más el nacimiento de la esperanza que es Jesús, Buena Noticia para los pobres, solo podrá ser reconocida por los pastores hoy.
Es fin de año y un cierto balance se impone. Hemos transitado un año difícil con la inesperada pandemia del coronavirus (luego de la epidemia neoliberal 2015-2019). Año “raro” para la vida de nuestras comunidades. Con mucho dolor, hasta se nos hizo difícil despedir a los que morían: personas cercanas – familiares, amigas y amigos- y personas importantes y significativas para la vida de nuestro pueblo.
Una mención entre estas pérdidas la merece la reciente despedida de Diego Maradona. Nos recordó la “intuición de los pastores”, la intuición del pueblo y de los pobres. El “pueblo” constituye ese sustrato multitudinario que excede toda organización y trasciende toda representación. Como aquel 17 de octubre de 1945, fuimos testigos de un “aluvión” que se intentó “organizar”. Pero el pueblo y los pobres son inasibles. Ellos reconocen quienes los aman y los acompañan, más allá de toda organización. Diego es de ellos y de ellas, pobres de la tierra. Quienes anhelamos acompañar y servir al pueblo, más aún ser sencillamente parte del pueblo, debemos tomar nota.
Esta pandemia deja al descubierto las expresiones más generosas y las actitudes más mezquinas del corazón humano. Y reveló sin más la extrema desigualdad en que vive nuestra Patria (El 34,9 % de los hogares y el 44,2 % de las personas se encuentran por debajo de la línea de la pobreza al cierre del tercer trimestre del año, según el Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina (UCA). Desigualdad que no inventó el coronavirus. Injusticia social que crece al ritmo de la concentración obscena de la riqueza en cada vez menos manos.
Nos pareció importante que un gobierno popular buscara diversas maneras de asistir a todos los sectores, pero especialmente a los más desprotegidos con planes en dinero y alimentos. El proyecto hecho ley del “aporte extraordinario a las grandes fortunas” fue una iniciativa que encontró la resistencia de los mismos de siempre: los ricos que cuestionó Jesús. Los que acumulan sus impúdicas fortunas de espaldas al hambre del pueblo. Anhelamos no solo el pan en la mesa, sino el trabajo digno para conseguir el pan. Anhelamos mayor justicia social.
También reconocemos desde el gobierno un enorme esfuerzo por la salud de nuestro pueblo. Nos conmovieron los agentes de la salud pública y privada que arriesgaron su vida en un servicio sin descanso (pese a todas las operaciones “anticuarentena”). Nuestro pueblo sencillo buscó cuidarse y cuidar. Y la solidaridad brilló más que la mezquinad en los barrios, los comedores y en las distintas iniciativas por acompañar la vida en los peores momentos. Más aún que las inmorales operaciones promovidas por los poderes fácticos desde los medios hegemónicos que, silenciando la devastación que dejó el gobernó cambiemita y poniendo incluso en resigo la salud de nuestro pueblo, procuraron obstaculizar todas y cada una de las medidas con las que el gobierno nacional se esforzó por enfrentar las consecuencias sanitarias, sociales y económicas de la pandemia.
A esas operaciones respondemos con palabras del Papa Francisco. “El engaño del ‘todo está mal’” es respondido con un “nadie puede arreglarlo”, “¿qué puedo hacer yo?”. De esta manera, se nutre el desencanto y la desesperanza, y eso no alienta un espíritu de solidaridad y de generosidad. Hundir a un pueblo en el desaliento es el cierre de un círculo perverso perfecto: así obra la dictadura invisible de los verdaderos interese ocultos, que se adueñaron de los recursos y de la capacidad de opinar y pensar” (Fratelli tuti, n° 75).
La renegociación de la deuda con los acreedores privados y con el Fondo Monetario Internacional (FMI) exigió de una destreza especial. Siempre estará en juego no solo atender a las exigencias de los que piden esfuerzos de pagos y ajustes desde “afuera”, sino del pueblo que pide una vida digna aquí “adentro”.
El tema del “acceso a la tierra y la vivienda digna” se hizo patente en la toma de Guernica (Provincia de Buenos Aires). “Tierra, techo y trabajo” para todos y todas debe seguir siendo la consigna. Exige decisión política y proyectos concretos que no se resuelvan en escritorios sino que se construyan con las familias que esperan una vida más digna. Las familias pobres, como la de Jesús, no encuentran más lugar que la de marginales pesebres donde esperar la vida (cf. Lc 2,7).
Son muchos los desafíos que tenemos todavía como sociedad. Es preciso un esfuerzo urgente para comenzar a resolver la brecha de la desigualdad. El cuidado de la tierra ante la amenaza de negocios voraces que envenenan el suelo, el agua y a la misma población, consumen los recursos naturales o incendian si se cree necesario para acrecentar el lucro, exige políticas severas y estrictas. Sigue pendiente la necesaria reforma judicial que no sólo termine el lawfare o “guerra judicial”, sino que dé forma a un sistema judicial que tenga como objetivo proteger la vida y los derechos de los más débiles y vulnerados, mas que los intereses de los poderosos. Seguimos esperando la libertad de los presos políticos y expresamos aquí nuestra renovada solidaridad con Milagro Sala y con todos aquellos y aquellas que siguen presos y presas. Necesitamos contar definitivamente con fuerzas armadas de seguridad que cuiden del pueblo y no conformen una amenaza latente: la violencia policial se ha mostrado “selectiva” en repetidas ocasiones reprimiendo violentamente a los sectores populares.
Es preciso y urgente también desarmar la violencia de género: este año hemos sido testigos de un notable aumento de femicidios y crímenes de odio contra minorías sexuales. Es responsabilidad de todos nosotros terminar con toda forma de racismo y xenofobia, encontrar formas de discusión que superen posturas binarias frente a los debates siempre complejos: celestes/verdes, vida/muerte, pro/anti; lograr proyectos a mediano y largo plazo que den continuidad a la esperanza de nuestro pueblo y especialmente de los pobres.
El balance de fin de año es, para nosotros, un ejercicio creyente: creemos que la vida y el amor es más fuerte que toda forma de muerte Y, en el servicio a nuestro pueblo, queremos con él reconocer la esperanza de la Vida que se hace Niño en el pesebre. ¡Feliz Navidad!

Grupo de Curas en la Opción por los Pobres / Navidad 2020